lunes, 8 de agosto de 2011

Poema / Cuento

Me pongo lento,
mi humor cambia,
no quiero vivir en la ciudad.

Es algo en el metal,
quiero soltar y con la naturaleza andar,
para poder vivir en la verdad tengo que normal estar,
porque dentro de mi algo estoy guardando.

Es como dormir sin dormir,
no me gusta trabajar entre concreto y varillas,
hacen mucho ruido y mi instinto no puedo escuchar,
no me gusta sentarme a mirar y vivir esta realidad,
lejos de lo que es correcto, la naturaleza cerca quiero verla,
aprender a usar su belleza, tratar la tierra sin mal tratarla, sin tratarla mal,
sin perderle el respeto que se merece por darnos vida, comida y hogar.

De dónde yo vengo los taínos (quienes habitaron la isla de República Dominicana en el período pre-colombino) llamaban a la isla Quisqueya, que significa madre de la tierra.

Por eso escribo un cuento:

Una vez eramos una sola masa de tierra, pero de tantas guerras la tierra se fue separando, debido a las ondas generadas por todas las armas. Viendo que la gran mayoría ya no podían vivir unidos, Quisqueya se esparció por los mares, dejando a los combatientes atrapados y aislados por montañas, ríos, y cañones profundos, así decidió castigarles y se tuvieron que adaptar a las situacones inóspitas en que dejaron el lugar de sus batallas.

Sin embargo los que no entendían las peleas se fueron detrás de ella. Quien dividió su corazón, transformándolo en pequeñas islas. Aquellos cual rumbo siguieron encontraron en el camino tierra buena para cultivar todo lo que le llevaran las aves desde los cielos. Una mujer llamada Anacahona llegó un día a una isla siguiendo una cigua palmera. Ahí se asentó, del lugar se enamoró y vivió tranquila y la isla la nombró Bohío.

Ahora bien, la raza humana es persistente y el castigo que Quisqueya otorgó a los guerreros no fue suficientemente, se fortalecieron, construyeron grandes barcos y en busca de nuevos lugares partieron; Llegaron a estas islas, la primera fue Bohío, donde reinaba la vida descontraída, el cazabe y la alegría. Estos hombres de piel pálida debido al poco sol que recibieron durante su castigo, engañaron a todos con regalos inútiles y cuando tuvieron la confianza de la población de la isla iniciaron sus matanzas, violaron a sus mujeres y volvieron al maltrato de la tierra. Quisqueya entristecida quedó, tanto que lloró por siglos y siglos y siglos, porque ya no sabía como acabar con estos bandidos que le quitaban todo el sentido a estar vivo.




Dimablo Arias / dimabloarias.blogspot.com










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